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HAMAL

Historia Analítica de los Medios Argentinos y Latinoamericanos

Cátedra: Alfredo Marino

El cine argentino en los 60

Alfredo Marino

Hemos visto como desde sus comienzos el cine argentino fue evolucionando en forma pausada y constante; durante los años ‘30 su crecimiento fue importante y la inclusión del sonido le abrió las puertas de los mercados de habla hispana. Diferentes acontecimientos en el orden político y económico produjeron una fuerte caída en la producción y trajo aparejado la intervención estatal con diferentes medidas, algunas restrictivas - cuotas de pantalla - otras de fomento industrial - créditos, subvenciones, etc.-. En 1955 se produce la revolución que derroca al presidente Perón y la fragmentación de todas las asociaciones vinculadas a la industria cinematográfica; el cine argentino se estaba extinguiendo. A partir de la acción de Fernando Birri, Domingo Di Nubila y otros personajes de la época se creó en 1957 el Instituto Nacional de Cinematografía.

LOS HECHOS POLÍTICOS

El 16 de septiembre de 1955 un movimiento cívico-militar provocó la caída del presidente Juan Domingo Perón, quien estaba transcurriendo su segundo mandato (1952-1955), el general Leonardi inició la sublevación en Córdoba y asumió la presidencia el 23 de ese mes, con la vicepresidencia del contralmirante Isaac Rojas. La clausura del Congreso, la intervención de las provincias, la cancelación del contrato de explotación petrolífera con una empresa norteamericana, la intervención de las universidades y otras medidas revertían un proceso comenzado once años atrás cuando Edelmiro J. Farrel, general de la Nación y presidente de facto, designó a el entonces coronel Perón como vicepresidente.

El coronel Perón participante desde un principio del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) fue ascendiendo en la estructura de poder hasta obtener el Ministerio de Guerra y la secretaría de Trabajo y Previsión lugares desde donde promovió la promulgación de importantes leyes que beneficiaban a los más carenciados. La intensa acción desarrollada le provocó la enemistad de sus pares y fue obligado a renunciar, siendo detenido y trasladado a la isla Martín García en octubre de 1945. Un gran movimiento popular que comenzó a las dos de la madrugada del día 17 se dirigió a la Plaza de Mayo exigiendo la libertad de Perón. Edelmiro Farrel hizo que se lo trasladara al Hospital Militar y bajo la presión de una multitud procedió a su liberación.

El 24 de febrero de 1946 se proclamó triunfadora la fórmula Perón-Quijano en elecciones libres, ganando por 1.472.517 votos contra los 1.220.282 que alcanzó Tamborini-Mosca, fórmula surgida de una alianza entre la Unión Cívica Radical y los partidos Socialista, Comunista y Demócrata Progresista que se habían agrupado en la denominada Unión Democrática.

Cuando Perón asume la presidencia, el país era acreedor de 17.700 millones de dólares, saldos de exportaciones realizadas durante la guerra; tuvo el apoyo incondicional de la CGT (Confederación General del Trabajo); encaró una política económica de nacionalización de los servicios públicos, le compró los ferrocarriles a los ingleses; se promulgó el Estatuto del Peón beneficiando a gran cantidad de trabajadores rurales y se fomentó la industria liviana.

“...Pasaron las semanas y se cerraron todos los estudios . Entonces la Junta Militar nombró en subjunta (un marino, un aviador y un militar) para que buscara soluciones mediante una mesa redonda entre representantes de producción y exhibición . Las conversaciones empezaron en los primeros días de noviembre, fueron tempestuosas y prolongadas, pero consiguieron cierta conciliación mediante concesiones mutuas y entendimientos personales, tanto que la subjunta llegó a redactar un proyecto de ley que conformó bastante al cine argentino y que pareció a los exhibidores algo menos malo que la ley peronista. Esto ocurrió a mediados de noviembre (1956). Aita había sido ignorado por Casa Rosada, producción y exhibición en todo el trámite.

Sin embargo, la ley no se dictó. Fueron inútiles las gestiones del Comité de Defensa por un lado y el Movimiento de Recuperación por otro. Alguna influencia, oculta en el seno mismo del gobierno, demoró semana tras semana la sanción. Y fue acercándose la Navidad más negra que había conocido el cine argentino.

En los últimos días de octubre fui visitado por Fernando Birri, que poco antes había llegado de Roma, cargado de proyectos e ilusiones, luego de cursar estudios en el Centro Sperimentale de Cinematografía. Birri me planteó la obligación moral de la juventud cinematográfica ante la crisis: intervenir, conciliar y obtener la sanción de la ley..”[i]

“En suma, Perón había optado por el mercado interno y por la defensa del pleno empleo. Se trataba de una verdadera “cadena de la felicidad”, que pudo financiarse principalmente por la existencia de una abundante reserva de divisas, acumulada durante los prósperos años de la guerra, y que permitió en la posguerra un acelerado, desenfrenado y con frecuencia poco equipamiento industrial. Desafiando las leyes de la contabilidad, y con la esperanza puesta en una nueva guerra mundial, en esos años
se gastó en el exterior mucho más de lo que entraba. Por otra parte, el IAPI monopolizó el comercio exterior y transfirió el sector industrial y urbano ingresos provenientes del campo, mediante la diferencia entre los precios pagados a los productores y los obtenidos por las ventas de cosechas al exterior.

Era un golpe fuerte al sector agropecuario, al que sin duda ya no se consideraba la “rueda maestra” de la economía, o al que quizá se suponía capaz de soportarlo todo. Los productores rurales padecían también por la falta de insumos y maquinarias - para las que no había cambio preferencial -, el congelamiento de los arrendamientos, que afectó el ciclo natural de la recuperación de la fertilidad de la tierra, y el costo más alto de la mano de obra, debido a la vigencia del Estatuto del Peón. Todas estas razones agudizaron la caída de la superficie cultivada, al tiempo que el aumento del consumo interno - reflejado en el trigo y sobre todo en la carne - reducía aún más las disponibilidades para la exportación”[ii]

En 1949 se reformuló la Constitución, modificando las disposiciones relativas a la reelección presidencial y se agregaron los derechos conseguidos en beneficio de los trabajadores, de la familia, de la ancianidad y de la cultura. En 1952 y a consecuencia de esa reforma, Juan D. Perón es reelegido por otro período, el cual no va a poder completar. La muerte de Eva, su esposa y “abanderada de los humildes”, las desinteligencias con la Iglesia y los divergentes intereses con empresas petrolíferas extranjeras desencadenaron el movimiento que se dio en llamar la “Revolución Libertadora”.

A la presidencia de Eduardo Leonardi le siguió, el 13 de noviembre de 1955 la del general Pedro Eugenio Aramburu. Este gobierno proscribió al partido Justicialista y derogó la Constitución de 1949 dando vigencia nuevamente a la de 1853, adicionándole el artículo 14 bis relacionado con los derechos sociales. La Unión Cívica Radical se dividió en la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) y la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), liderada por Ricardo Balbín.

En 1958, ante el llamado a elecciones triunfa la fórmula Frondizi-Gómez de la UCRI., Arturo Frondizi había logrado una alianza con los seguidores de Perón pero luego no los dejó participar de su gobierno; las huelgas y movimientos militares que se sucedieron hizo que se aplique el Plan Conintes (Conmoción del Orden Interno), lo que dio mayor presencia a los militares. Su plan de desarrollo lo llevó a relacionarse estrechamente con Los Estados Unidos de Norteamérica pero también con Fidel Castro y Ernesto, El Che, Guevara. Las elecciones de la provincia que dieron como resultado el triunfo de los peronistas hizo que los militares derrocaran a Frondizi dejando el poder en manos del presidente del senado, el senador José María Guido.

El 7 de julio de 1963 nuevas elecciones dieron lugar al triunfo de Arturo Illia, quien asumió el 12 de Octubre, período de amplias libertades, sin censura y con un gran crecimiento económico fue siempre tildado de lento; al presidente se lo llamaba “la tortuga”. Anuló los contratos petroleros firmados por Frondizi, se aprobó en el Congreso la ley del Salario Mínimo Vital y Móvil, se negó a enviar tropas de apoyo a los EE.UU. que habían invadido Santo Domingo.

La fuerte inflación por un lado incrementaba la insatisfacción de los sindicalistas y el avance de los peronistas en la vida política por el otro aumentaba el descontento de los militares. El 28 de junio de 1966 un nuevo golpe militar, ahora encabezado por el general Juan Carlos Onganía, daba por terminado con otro gobierno constitucional.

LA CINEMATOGRAFÍA

“La población de las grandes ciudades se fueron incrementando ya que la vida urbana era más atractiva que la rural, especialmente Buenos Aires se convirtió en la gran metrópolis que centralizaba todo tipo de actividades culturales, potenciado esto con la aparición de la televisión. Durante todos estos años se vio como la educación secundaria y posteriormente la universitaria, patrimonio de las grandes ciudades, sirvió para incrementar la movilidad social.

“...La píldora anticonceptiva, y en general una actitud más flexible sobre las conductas sexuales y sobre la relaciones familiares, modifico la relación entre hombres y mujeres, aunque tales cambios reflejaron sólo mínimamente - en una sociedad todavía pacata y tradicionalista- los que se estaban produciendo en los países centrales. El voseo empezó a imponerse en el trato cotidiano y la conversación se nutrió de términos tomados de la sociología y del psicoanálisis, una de las pasiones de los sectores medios, que constituyeron en Buenos Aires una de las mayores comunidades psicoanalíticas del mundo...”[iii]

Con el derrocamiento de Juan D. Perón la actividad quedó prácticamente paralizada, repentinamente se dejaron de otorgar subsidios y se registró la quiebra de varias empresas productoras y el cierre de algunos estudios como: Argentina Sono Film, Baires, Guaranteed y Estudios San Miguel; directores como Amadori, Cahen Salaberry y artistas como Zully Moreno se fueron del país

A partir de la fundación del Instituto Nacional de Cine, se suavizó la censura y se facilitó la importación de películas extranjeras; una mayor libertad expresiva permitió la inclusión de numerosos jóvenes interesados en crear a través del cine; la falta de escuelas especializadas hizo que alguno de ellos como el mencionado caso de Fernando Birri, fueran a estudiar al exterior como Humberto Ríos, Simón Feldman y Mabel Ittzcovich, a Francia; Rodolfo Kuhn y Jorge Prelorán a los Estados Unidos, etc.

La experiencia de Fernando Birri va a ser aprovechada por la Universidad del Litoral, en la ciudad de Santa Fe, dando lugar a interesantes investigaciones en el plano del foto-documental y películas como “Tire dié” (1956-1958), donde la realidad se nos muestra como personaje principal; “Los inundados”(1961), va a influir notablemente en realizadores que en los años 60 seguirán una línea comprometida con los más carenciados económicamente y dará lugar al cine político o militante.

También se incrementa la actividad a partir de los cine clubes: Núcleo, Gente de Cine, Cine Club Buenos Aires, etc. Las revistas de cine a la manera de los “Cahiers du Cinèma”: Gente de Cine, Cinedrama, Cuadernos de cine, etc.

En 1957 se crea el Fondo Nacional de las Artes que apoyará la realización de cortometrajes a través de festivales y créditos, compra de películas y premios. Son estos los tiempos en los cuales comienzan a trabajar directores como: David Kohon, Víctor Iturralde, Enrique Dawi, Simón Feldman y Dino Minniti entre otros.

Es en el año 1957 que va a cobrar gran importancia un director que a su vez, como lo hiciera Fernando Birri anticipando una línea de reclamo social en búsqueda de un cambio profundo, encuentra en el cine la posibilidad de transformar las formas del relato tradicional y plasmar la sicología de sus interlocutores, personajes y / o espectadores a partir del montaje y de una banda sonora que posee una propia forma de expresarse. Leopoldo Torre Nilsson va a motorizar en el país la apertura al cine de autor que a principios de esa década también se producía en Francia; cine de autor que van a encarnar, ya en los 60, Manuel Antín, David Kohon, Rodolfo Kuhn, Lautaro Murúa Y Leonardo Favio entre otros. Como el Neorrealismo o la Nouvelle Vague había una búsqueda febril de alternativas al modelo de narración clásico Hollywood.

Diferentes situaciones sociales permiten que hacia mediados de los 50 y casi toda la década del 60 se produzca esta ebullición cinematográfica; por un lado ya hemos mencionado, aunque muy brevemente la participación de Fernando Birri y más adelante ampliaremos la de Torre Nilsson, pero es importante analizar otros aspectos culturales que dieron lugar a esa situación.


“La Universidad y la renovación cultural"

Los intelectuales antiperonistas - entre ellos quienes habían logrado identificarse tanto con el rigor científico cuanto con las corrientes estéticas y de pensamiento de vanguardia- pasaron a regir las instituciones oficiales y el campo de cultura todo, dominado por la preocupación de la apertura y la actualización. Viejos grupos, como el Colegio Libre de Estudios Superiores o Sur, perdieron relevancia, desplazados por nuevas instituciones y muchas veces debilitados por las escisiones internas. Las vanguardias artísticas se concentraron en el Instituto Di Tella, combinando bajo el amparo de una empresa por entonces pujante y modernizada la experimentación con la provocación. Quienes animaban esa experiencia- y en particular Jorge Romero Brest- estaban convencidos de recrear en Buenos Aires un verdadero centro internacional de arte, y si el diagnostico quizás era exesivamente optimista, lo cierto es que, como pocas otras veces, la creatividad local se vinculó con la del mundo. Ubicado en el centro mismo de la ciudad, en la llamada “manzana loca”, y cerca de la Facultad de Filosofía y Letras, el Di Tella se convirtió en punto de referencia de otras corrientes emergentes y medianamente contestatarias, pero ciertamente provocativas, como el hippismo.

El principal foco de la renovación cultural estuvo en la Universidad. La designación en 1955 de José Luis Romero como rector de la de Buenos Aires, con el respaldo del poderoso movimiento estudiantil, marcó el rumbo de los diez años siguientes. Estudiantes e intelectuales progresistas se propusieron en primer lugar “desperonizar” la Universidad - esto es eliminar a los grupos clericales y nacionalistas, de ínfimo valor académico, que la habían dominado en la década anterior- y luego modernizar sus actividades, acorde con la transformación que la sociedad toda emprendía.

Según la utopía del desarrollo dominante, la ciencia debía convertirse en palanca de la economía, lo que planteó un largo debate acerca de las prioridades: ciencias básicas, que trabajaran según los estándares internacionales, o tecnología aplicada, mirando los problemas específicos de nuestra economía y atendiendo a la formación del personal calificado que ésta podía requerir. Frente a la vieja Universidad profesional surgió una nueva, orientada a la biología, la bioquímica, la física, la agronomía o la computación; las facultades se nutrieron con laboratorios y científicos con dedicación exclusiva a la enseñanza e investigación, y los egresados marcharon masivamente a completar su formación en el exterior. Incluso las viejas carreras cambiaron: la economía y la administración de empresas - escuela de ejecutivos- empezaron a reemplazar a la vieja formación de contadores públicos.

En las ciencias sociales- una idea de por sí moderna- la modernización se asoció con dos nuevas carreras: sicología y sociología. En la escuela fundada por Gino Germani, la teoría de la modernización, fácilmente integrable con la de desarrollo económico y hasta con el marxismo, constituía a la vez un diagnóstico y un programa mutuamente potenciados: las sociedades marchaban todas por un camino similar, de lo tradicional a lo moderno, y la ciencia indicaba el camino para que la Argentina recorriera esas etapas y por esa vía se incorpora al mundo. La sociología suministraba a la vez una filosofía de la historia, un vocabulario -frecuentemente malas traducciones del inglés- y otros signos de modernidad, y una vasta camada de nuevos profesionales, que podían dedicarse al marketing o a las relaciones industriales en las empresas, o a trabajar en los distintos organismos de planeamiento e investigación desarrollados por el Estado. Antes de que los subocupados o desocupados predominaron entre ellos, los sociólogos constituyeron, con psicólogos, economistas, científicos y técnicos industriales toda una cohorte de nuevos sectores medios, adalides de la modernización y consumidores privilegiados de sus productos”.[iv]

En estos años se produce el “boom de la novela latinoamericana”. Un fenómeno que en Méjico representa Carlos Fuentes , Mario Vargas Llosa en Perú, Alejo Carpentier en Cuba, tiene en la Argentina a Julio Cortázar como representante. “Este grupo de novelistas trata de definir lo esencial latinoamericano, al tiempo que plantean un debate sobre la existencia de una literatura hispanoamericana de ambición continental. Tienen, además algunos caracteres ideológicos y estéticos en común. En lo ideológico: una actitud de compromiso contra la opresión y las dictaduras; en lo estético: planteos técnicos renovadores, tales como la noción de obra abierta, la complicidad del lector en la “construcción” de la obra, puntos de vista novedosos, etc (...) El “boom”, además de haber sido un fenómeno socio- literario editorial, produjo, fundamentalmente, una renovación importante en la técnica narrativa y la lengua literaria de Hispanoamérica. Tras los ‘60, afortunadamente, los principales participes de este fenómeno, siguieron produciendo, y aunque, ya, naturalmente, la “nueva novela” ha dejado de ser una novedad, la evolución de la narrativa latinoamericana sigue abierta con la aparición de nuevos autores de éxito, como Isabel Allende, Laura Esquivel y Angeles Mastretta, entre otros”.[v]

En agosto de 1957 se editó por primera vez la revista de humor político “Tía Vicenta” que continuó con el nombre de “María Belén” luego de haber sido prohibida durante el gobierno de Onganía. En 1958 se funda EUDEBA, la Editorial Universitaria de Buenos Aires organizada en un principio por Arnaldo Orfila Reynal.

La literatura, ejerció una gran influencia en Leopoldo Torre Nilsson, como representante de esa generación de intelectuales y en esa época nos interesa algunas de sus reflexiones:

“Soy consciente de ese pasado. La real preocupación es que si hace veintisiete años que vengo haciendo películas, a razón de una por año, que podré decir dentro de otros veintisiete años, si es que digo alguna cosa. En el tiempo en que tomé conciencia de que el cine podría ser receptáculo de las cosas, es decir cuando dejé de pensar que la literatura iba a ser el vehículo de mi imaginación, tropecé con un mundo de productores, lejano, inaccesible, un mundo de estudios que apenas podían ser visitados, un mundo de actores que no iban a aceptar indicaciones de un hombre demasiado joven, un grupo de técnicos que se las sabían todas, llenos de prejuicios que muy difícilmente iban a transigir con las audacias que aportara un cine clubista. Así llamaban, con tono más o menos despectivo, a los que veníamos de una cultura cinematográfica formada en los cine clubes.

Yo era circunstancialmente un técnico cinematográfico, porque mi padre Leopoldo Torres Ríos, había decidido, y de un modo bastante determinante, que mi carrera habría de ser la cinematográfica. Y yo acepté. Lo acepté sin amor, pensando que iba a ser un oficio, una técnica, y así lo viví durante algunos años, casi dolorosa y amargamente, con poemas escritos debajo de un taburete y leyendo a escondidas a Proust y Valery. Pero de pronto descubrí que el cinematógrafo también podía ser vehículo para toda esa imaginación que sentía latir en mí. En cambio, me di cuenta de que había hostilidad ambiente. No había nada peor que ser un hombre joven o tener cierta preocupación intelectual.

En aquellos tiempos en el ámbito cinematográfico, la palabra “intelectual” era una mala palabra. Ser joven e intelectual era una mala palabra, inaceptable en los estudios y en las distribuidoras. Era condenarse a ser un director maldito..”

Bibliografía consultada:

Di Nubila, Domingo: Historia del cine argentino (2 vol.). Buenos Aires, Edición Cruz de Malta,1959.


Mahieu, Agustín: Breve historia del cine argentino. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires,1966.


Velleggia, Susana: Cine: Entre el espectáculo y la realidad. Ed. Claves Latinoamericanas, México,1986.